Carillas dentales
Las carillas dentales son unas láminas fabricadas en distintos materiales que nos permiten corregir pequeñas anomalías en los dientes, tanto de forma como de tamaño y color.
Se puede realizar en la clínica dental con productos que se activan por la luz, ya sea luz halógena o láser.
También se puede realizar en casa empleando unos moldes a medida de los dientes donde se deposita el agente blanqueante.
Una cubeta de blanqueamiento dental es un dispositivo en forma de herradura de acrílico blando transparente, que tiene marcadas las huellas de sus dientes para adaptarse perfectamente a ellos y sirve de vehículo para llevar el gel blanqueador de los dientes.
El blanqueamiento dental externo es actualmente uno de los recursos estéticos más sencillos y conservadores. Aunque se llama externo, lo que se blanquea es la dentina. La corona del diente en su estructura está formada por esmalte (parte más externa), dentina (capa intermedia) y pulpa dental (estructura interna). El esmalte no tiene color, es traslúcido como el cristal. La dentina es la que realmente da el color al diente.
Hemos de saber que el color interno, intrínseco de la dentina, viene determinado genéticamente; es una característica innata de cada uno de nosotros, como lo es el color de nuestra piel. Puede llegar a tener una enorme variedad de colores dentro del blanco (naranja-amarillo, gris-verdoso, gris-rosado o marrón-rojizo) y, dentro de cada uno de esos grupos, distintas gradaciones de intensidad. El profesional determinará ese color base; este color no se modifica con ningún blanqueamiento, lo que se puede conseguir es aclararlo en mayor o menor medida.
Por explicarlo de una manera sencilla, estamos hablando siempre del blanqueamiento del color base que se localiza en el interior del diente, ya que las manchas externas, como pueden ser las del tabaco u otras tinciones en la superficie del diente, pueden ser fácilmente eliminadas con una limpieza bucal profesional. No hay que confundir las manchas de esmalte por agentes externos con la coloración intrínseca del diente, razón por la cual la limpieza de boca y el blanqueamiento son dos procedimientos odontológicos diferentes.
Antes de iniciar un tratamiento de este tipo habrá que estudiar el caso para no dar falsas expectativas. Decir asimismo que la intensidad del blanqueamiento dependerá de cada paciente y de su edad (siendo a más joven, mejor respuesta) y que en general responden bien casi todos los dientes, incluso en muchos casos los tetraciclínicos (con franjas marrones o grises) si bien en estos últimos no desaparecen las franjas mencionadas, sino que sólo se aclararán. Nunca con un blanqueamiento van a desaparecer. El blanqueamiento no es como “calear” o pintar una pared.
El blanqueamiento dental externo se hará sin anestesia para poder percibir las sensibilidades, ya que es en realidad el diente es el que nos va a indicar hasta donde podemos blanquear, de nada nos vale tener un diente blanquísimo si nos queda hipersensible. Si durante el procedimiento las sensibilidades son muchas, habrá que parar y seguir en otra sesión, o parar ahí definitivamente el tratamiento porque el diente no nos permite ir más lejos.
Al finalizar el tratamiento y al día siguiente los dientes pueden y suelen quedar ligeramente sensibles así como la encía circundante, incluso en ocasiones puede requerir la toma de analgésicos el día del tratamiento, pero hemos de decir que estas molestias, de haberlas, serán pasajeras y de intensidad baja si se siguen los protocolos correctos.
Una vez realizado el blanqueamiento, en unos días los dientes van a seguir blanqueando y el color final obtenido se mantendrá así de inalterable durante unos 2 a 7 años, dependiendo de cada paciente. Aun cuando pierda intensidad al cabo de estos años, el color nunca volverá a ser como el del inicio. En el caso de que recidive un poco, bastará con hacer una sesión de recordatorio más corta que la inicial. En los casos indicados se puede utilizar una pasta blanqueante como refuerzo durante una temporada. Siempre bajo control profesional.
Las técnicas actuales de blanqueamiento se basan en la utilización de dos productos, el peróxido de carbamida (tcs ambulatorios) y el peróxido de hidrógeno (tcs en clínica). Estos productos son capaces (mediante la activación por calor y/o luz especial) de desprender moléculas de O2 que pueden “filtrarse” a través del esmalte de los dientes (tejido superficial) hasta llegar a los túbulos dentinarios. Existen aproximadamente 15.000 túbulos dentinarios/mm2. Así, el tejido que está debajo del esmalte (dentina) que es el que da color a los dientes, sufre un blanqueamiento, dando la sensación de que el esmalte es más blanco.
El blanqueamiento de tipo ambulatorio tiene limitaciones:
Existen actualmente multitud de productos que el usuario puede conseguir con el objetivo de obtener unos dientes más blancos.
Es importante hacer un diagnóstico previo para descartar enfermedades en dientes y encías de base, como gingivitis o caries, que puedan contraindicar el blanqueamiento dental sin antes haber tratado esas enfermedades.
Otro problema de realizar un blanqueamiento dental sin supervisión es que al usar productos abrasivos, estos pueden crear quemaduras en encías y mucosas, e incluso derivar en la muerte del diente si la pulpa se ve afectada.
Así mismo no se conoce exactamente su capacidad abrasiva, por tanto es importante fijarse en la composición de la pasta que contenga este carbón y comprobar su RDA (Relative Dentin Abrasion), un índice que mide la capacidad abrasiva del esmalte de diferentes dentífricos, que no ha de superar los 200.
Las pastas blanqueantes en realidad no son tal, tienen una pequeña concentración de sustancias abrasivas que puede eliminar pequeñas manchas superficiales y que suelen indicarse de manera temporal como mantenimiento tras blanqueamientos dentales profesionales. Estos componentes no entran a la capa más interna que es la dentina, sino que solamente actúan sobre el esmalte, que es transparente, con lo cual el esmalte no se blanquea, lo que se blanquea es la dentina.
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