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Odontología Espacial: ¿Qué pasaba si a Neil Armstrong le dolía una muela en la Luna?

08-04-2026
En este artículo vamos a descubrir la Odontología Espacial, una historia fascinante llena de peligros invisibles, dientes que explotan por la presión y pastas de dientes que los astronautas se tienen que tragar. Prepárate, porque lo que vas a leer supera cualquier película de ciencia ficción.

Imagina que estás flotando en el vacío, a 384.000 kilómetros de la Tierra. Eres Neil Armstrong o Buzz Aldrin en el Apolo 11 y el mundo entero te está mirando, pero de repente, sientes un latigazo de dolor insoportable en la boca.

ODONTOLOGÍA ESPACIAL

1) Riesgos de los astronautas en el espacio

1A) ¿Un dolor de muelas puede matarte?

Es una muela que empieza a latir con fuerza, impidiéndote concentrarte en el aterrizaje. ¿Qué haces? No puedes llamar a una ambulancia, no puedes ir a un dentista y no puedes acercarte a Urgencias para que te traten. Pero lo peor de todo es que no puedes simplemente “aguantarte”, porque en el espacio, un dolor de muelas puede matarte.

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1B) Peligros invisibles en el espacio

Hoy vamos a dejar la Tierra para descubrir la Odontología Espacial, una historia fascinante llena de peligros invisibles, dientes que explotan por la presión y pastas de dientes que los astronautas se tienen que tragar. Prepárate, porque lo que vas a escuchar supera cualquier película de ciencia ficción.

Cuando pensamos en los peligros del espacio, nos imaginamos la falta de oxígeno, la radiación o el frío, pero durante la carrera espacial, la NASA tenía un miedo mucho más terrenal: los dientes de sus astronautas.

1C) ¿Qué es la Barodontalgia o Aerodontalgia?

Para que lo entiendas, voy a explicarte un fenómeno físico llamado Barodontalgia o aerodontalgia. Es un dolor provocado por los cambios bruscos de presión debido a que, cuando un gas está atrapado, se expande o se contrae según la presión exterior.

1Ca) ¿Pueden sufrir barodontalgia los astronautas?

Imaginad que un astronauta tiene una pequeña caries oculta o un empaste antiguo mal hecho con una pequeñísima burbuja de aire atrapada debajo.

Al despegar el cohete y salir de la atmósfera, la presión baja drásticamente y ese aire atrapado dentro del diente busca expandirse con una fuerza brutal. ¿Qué ocurre en ese momento? Pues que presiona directamente contra el nervio provocando un dolor tan extremo que llega a ser incapacitante, casi de locura, que puede dejar a un piloto o a un astronauta fuera de combate en segundos. 

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1Cb) ¿Pueden sufrir barodontalgia los pilotos?

De hecho, en la Segunda Guerra Mundial ya hubo casos de pilotos que perdieron el control de sus aviones cegados por este dolor al ascender con sus aparatos.

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2) La NASA y sus estrictos protocolos dentales

Por eso, los dentistas de la NASA se convirtieron en los guardianes más estrictos del programa Apolo y para ello crearon un programa de prevención que obligaba a los astronautas, antes de subir a la nave, a alcanzar la categoría la “Clase I”, una salud oral perfecta.

Eran tan estrictos que, si había la más mínima duda con una muela, se trataba como fuera necesario. Llegaban a cambiar empastes antiguos por amalgamas de alta calidad o de oro, para asegurarse de que no quedara ni una pequeña burbuja de aire atrapada. Incluso a algunos astronautas se les extrajeron muelas del juicio sanas solo por precaución.

Tenían una filosofía muy clara. En el espacio, la prevención es la única medicina y nadie quería ser el responsable de abortar un alunizaje por una infección dental.

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3) La higiene dental en gavedad cero

Pero una vez arriba… ¿cómo se lavaban los dientes Neil Armstrong y compañía? Porque ese es otro problema. En la Tierra, escupir en el lavabo es fácil, pero en gravedad cero es un desastre. Si escupes líquido, no cae, sino que se rompe en miles de esferas flotantes que pueden meterse en los paneles eléctricos o causar cortocircuitos. Así que escupir la pasta no era una opción.

3A) La pasta de dientes especial para astronautas

¿Qué hicieron para solventarlo? Para el Apolo 11, la NASA desarrolló una pasta especial llamada “NASAdent” que tenía dos características clave. Primero, no hacía espuma. Y segundo, y más importante, era comestible.

El protocolo de higiene de Armstrong y sus compañeros era: cepillarse con esta pasta y, al terminar, tragarse la mezcla de pasta y bacterias. Era la única forma segura de mantener la boca limpia sin poner en riesgo la nave.

Nasadent

4) ¿Cuál era el protocolo a seguir de los astronautas en caso de dolor de muelas incapacitante?

Pero a pesar de todo esto, la pregunta seguía ahí. ¿Y si fallaba algo? ¿Y si en medio del viaje a la Luna surgía un flemón incontrolable? Pues había que solucionarlo como se pudiese. Para ello, en el botiquín del Apolo 11, junto a las vendas y las pastillas para el mareo, había un pequeño estuche dental de emergencia. 

Pero no esperéis tecnología de última generación, la solución de la NASA para un dolor extremo se reducía a dos opciones. Dosis masivas de antibióticos y analgésicos y, si eso no funcionaba, había que quitar la pieza con un fórceps.

El protocolo decía que, si un astronauta no podía aguantar el dolor, uno de sus compañeros tendría que hacer de “dentista accidental”. Imaginaos estar flotando en gravedad cero, sujetando a tu compañero como puedes, con una anestesia local básica inyectable, y teniendo que arrancar la muela allí mismo con unas tenazas. Sin duda, sería la extracción más terrorífica de la historia.

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5) La tortura del astronauta ruso Yuri Romanenko

Afortunadamente para ellos, sabemos que en el Apolo 11 no hizo falta, ninguno de sus astronautas tuvo problemas dentales, pero otros no tuvieron tanta suerte, como el cosmonauta soviético Yuri Romanenko. 

A finales de 1977, Romanenko comandaba la histórica misión Salyut 6 junto a un compañero. Su objetivo era batir el récord de permanencia en el espacio, pero a mitad de la misión, Romanenko empezó a sentir una pequeña molestia en una muela. 

Al principio, Romanenko intentó ocultar su dolor a la base de control en Tierra. Como buen comandante, no quería que una muela pusiera en peligro una misión multimillonaria o demostrara debilidad ante sus superiores, pero el dolor llegó a ser tan insoportable que se lo tuvo que confesar a su compañero de vuelo.

5A) Un dolor de muelas a 27.000 Km de la Tierra

Imaginad estar encerrado en un cilindro de metal del tamaño de un autobús, orbitando la Tierra a 27.000 kilómetros por hora, sin poder dormir por el dolor y sabiendo que no puedes dar la vuelta y volver a casa.

El gran problema era que los soviéticos no habían incluido un kit de extracción dental en condiciones, pero entonces, ¿qué hizo Romanenko? Pues aguantarse y soportar una auténtica tortura durante dos semanas enteras. 

5B) Yuri Romanenko y su remedio para el dolor de muelas

Y para intentar calmar algo el dolor recurrió a un remedio desesperado. Se pasaba el día con la boca llena de agua caliente, manteniéndola justo sobre la muela infectada, para intentar calmar el latido del nervio, aunque fuera por unos minutos.

Fueron 14 días de agonía en los que tuvo que seguir trabajando, realizando experimentos y complejas maniobras espaciales con un dolor que, aquí en la Tierra, nos llevaría directos a Urgencias llorando.

5C) ¿Cómo puede un dolor de muelas incapacitar a un comandante de élite?

Y claro, cuando regresaron a la Tierra y la cápsula aterrizó, podéis imaginaros que la prioridad número uno de Romanenko no fue celebrar el récord, sino ir directo a su dentista. 

Ese calvario de dos semanas fue un punto de inflexión histórico, porque demostró que un dolor tan minúsculo podía incapacitar por completo a un comandante de élite y puso en alerta a todas las agencias espaciales, cambiando los protocolos dentales en el espacio para siempre.

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6) La evolución de los protocolos dentales espaciales

Hoy en día, en la Estación Espacial Internacional, tienen kits mucho más avanzados para hacer empastes temporales e incluso cuentan con tele-asistencia de dentistas desde la Tierra, pero todo esto que os he contado sigue vigente. La odontología espacial sigue siendo prioritaria porque, como hemos visto, conseguir llegar a otros mundos puede depender de algo tan simple, pero vital, como tener una boca sana.

Así que, si hoy te da pereza lavarte los dientes o ir a una revisión con tu odontólogo, recuerda a Neil Armstrong tragándose su pasta de dientes. Al menos tú tienes un lavabo y gravedad para escupir.

 

¿Seríais capaces de sacaros una muela a vosotros mismos si estuvierais solos en Marte?

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