En la primavera de 1846, en el Hospital General de Massachusetts, un joven dentista de Boston llamado William Thomas Green Morton estaba a punto de cambiar el curso de la medicina. Su descubrimiento de la aplicación del éter como anestésico permitiría realizar cirugías sin dolor, un avance que daría inicio a la era moderna de la cirugía. Sin embargo, en esta historia de la anestesia, hay un nexo interesante con España y, en particular, con Galicia, un lugar que también desempeñó un papel importante en su evolución.
1) Técnicas y remedios naturales para adormecer cuerpo y mente
Mucho antes del siglo XIX, cuando se descubrieron los agentes anestésicos modernos, muchas civilizaciones desarrollaron técnicas y remedios naturales para adormecer el cuerpo y la mente.
1a) La anestesia en el antiguo Egipto, Mesopotamia, India y China
En el antiguo Egipto, Mesopotamia, India y China, se usaban plantas como el opio, la mandrágora, el beleño negro y el cannabis. Estas sustancias se inhalaban o ingerían para inducir estados sedantes. En la antigua China, hacia el siglo I a.C., el médico Hua Tuo desarrolló una mezcla herbal llamada mafeisan, que probablemente incluía opio, y la utilizaba para inducir inconsciencia antes de realizar cirugías.

1b) La anestesia en la antigua Grecia y Roma
En Grecia y Roma, el uso del opio como analgésico era común. Hipócrates recomendaba su uso para calmar dolores intensos, y Galeno, el médico romano, lo incluía en sus tratamientos. Aunque no garantizaban insensibilidad completa al dolor, estos métodos marcaron un avance significativo en el control del sufrimiento durante procedimientos médicos.

1c) La anestesia durante la Edad Media
Durante la Edad Media, el conocimiento sobre las propiedades anestésicas de las plantas evolucionó aún más. Médicos árabes como Avicena ampliaron el uso de mandrágora, opio y otras hierbas. Avicena, que vivió en el siglo XI, escribió sobre la importancia de aliviar el dolor quirúrgico y desarrolló preparados herbales que inducían sedación en los pacientes.

1d) La anestesia durante el Renacimiento
En Europa, durante el Renacimiento, cirujanos y barberos comenzaron a usar el vino opiáceo, una mezcla de vino, opio y otras hierbas sedantes, para reducir el dolor en las operaciones. También se empezó a experimentar con el éter, aunque de forma rudimentaria y sin comprender aún su verdadero potencial para inducir un estado anestésico seguro.
Una de las técnicas más fascinantes y menos conocidas del periodo medieval fue la esponja somnífera. Esta esponja se impregnaba con una mezcla de opio, beleño, mandrágora y otras hierbas, y se aplicaba cerca del rostro del paciente para inducir un estado de semiinconsciencia. Aunque Esta técnica tenía resultados variables, en algunos casos lograba adormecer al paciente lo suficiente como para realizar pequeñas intervenciones quirúrgicas. Sin embargo, esta práctica era peligrosa ya que las dosis no se podían controlar con precisión y a menudo resultaban en una sobredosis o en una falta de efecto completo lo que dejaba al paciente despierto y sufriendo en medio de la operación.

2) El problema del dolor en la cirugía
Hasta mediados del siglo XIX, el mayor reto al que se enfrentaban los cirujanos no era la falta de conocimientos anatómicos ni la destreza con el bisturí, sino cómo lidiar con el inmenso dolor de los pacientes. Las amputaciones, extracciones dentales y cualquier tipo de cirugía mayor eran auténticas pruebas de resistencia para quienes las sufrían. La agonía era tan severa que algunos pacientes llegaban a morir de shock, mientras que otros optaban por evitar los procedimientos, aun cuando estos podían salvar sus vidas.
A pesar de todos estos esfuerzos, los métodos anestésicos antes del siglo XIX eran poco fiables y extremadamente peligrosos. Las dosis y los efectos de las sustancias naturales eran difíciles de controlar y a menudo causaban más problemas de los que resolvían. Sin una comprensión adecuada de la fisiología humana y del modo en que estas sustancias interactuaban con nuestro cuerpo, muchos pacientes continuaban experimentando un dolor intenso durante las cirugías.

2a) La experiencia de Horace Wells con el óxido nitroso
En este contexto tan sombrío apareció Horace Wells, un dentista estadounidense de Connecticut que fue uno de los pioneros en el uso de la anestesia. En 1844 Wells asistió a una demostración de un espectáculo público donde se utilizaba óxido nitroso como entretenimiento comúnmente conocido como gas de la risa. Durante esta demostración un voluntario inhaló el gas y al golpearse la pierna accidentalmente no mostró señales de dolor. Esta observación despertó en Wells la idea de que el óxido nitroso podía ser usado para reducir el sufrimiento durante las intervenciones dentales y quirúrgicas. Decidido a poner a prueba su teoría Wells se administró a sí mismo óxido nitroso y se sometió a una extracción dental realizada por un colega. La operación fue un éxito ya que no sintió dolor significativo durante el procedimiento. Convencido de su descubrimiento Wells decidió llevar esta Innovación a un público más amplio.
En 1845, Wells organizó una demostración pública de su descubrimiento en el hospital general de Massachusetts en Boston el mismo lugar donde la historia de la anestesia viviría momentos cruciales. Sin embargo la demostración de Wells se convirtió en un total desastre ya que la dosis de óxido nitroso que administró al paciente no fue suficiente y este comenzó a gritar de dolor en medio de la operación. La audiencia de médicos y estudiantes se burló de Wells y su descubrimiento.
La audiencia de médicos y estudiantes se burló de Wells y su descubrimiento. Fue ridiculizado como un engaño. Devastado por el fracaso y sintiéndose humillado, Wells se retiró de la práctica pública y cayó en una profunda depresión.

2b) La gran demostración de William Morton
A pesar del fracaso inicial de Wells, la idea de la anestesia no se extinguió. Morton, estudiante y socio de Wells, tomó su trabajo como inspiración y comenzó a experimentar con otras sustancias. Estaba decidido a encontrar una forma más fiable y controlable de inducir la inconsciencia. Fue entonces cuando descubrió el potencial del éter sulfúrico, un compuesto conocido por sus propiedades sedantes desde el siglo XV, pero que hasta entonces no se había utilizado de forma controlada en medicina.
El 16 de octubre de 1846, en el anfiteatro quirúrgico del Hospital General de Massachusetts (conocido hoy como “El Éter Domo”), Morton realizó una de las demostraciones más importantes en la historia de la medicina: anestesió exitosamente a un paciente llamado Edward Gilbert Abbott, quien debía someterse a la extirpación de un tumor en el cuello. Para sorpresa de todos los presentes, el paciente no emitió ningún grito de dolor, permaneciendo inmóvil y en calma durante la operación. Al terminar el procedimiento, el cirujano encargado de la operación, John Collins Warren, pronunció una frase que quedaría inmortalizada: “Señores, esto no es un engaño”, confirmando que la anestesia era una realidad.

The First Operation Under Ether – Cuadro de Robert Hinclkey
2c) La anestesia local inyectable
La primera anestesia local inyectable —las tan temidas agujas del dentista— se introdujo en 1872 con el uso de la morfina. Fue el cirujano alemán Friedrich Wilhelm Adam Sertürner, quien descubrió inicialmente la morfina a principios del siglo XIX, aunque su uso como anestésico no se popularizó hasta décadas más tarde, cuando comenzó a aplicarse mediante inyecciones para controlar el dolor.
El verdadero avance en la anestesia inyectable ocurrió en 1884 con la introducción de la cocaína como anestésico local. El oftalmólogo austriaco Carl Koller utilizó cocaína para realizar anestesia local en procedimientos oculares. Su éxito revolucionó las intervenciones quirúrgicas, ya que permitía adormecer áreas específicas del cuerpo sin afectar al paciente en su totalidad.
El uso de cocaína como anestésico local marcó el inicio del desarrollo de numerosos anestésicos inyectables sintéticos que hoy son comunes en la medicina moderna, como la lidocaína y la procaína. Estos avances en la anestesia local e inyectable permitieron realizar procedimientos quirúrgicos y dentales con mucho mayor control sobre el dolor, evitando algunos de los efectos adversos y complicaciones asociadas con la anestesia general.

Historia de la anestesia Anestesia inyectable
3) La llegada de la anestesia a España
Mientras Morton hacía historia en Estados Unidos, los avances no tardaron en llegar a Europa. El descubrimiento del éter anestésico cruzó rápidamente el océano Atlántico y no pasó mucho tiempo antes de que los cirujanos europeos comenzaran a experimentar con su uso. En España la anestesia llegó gracias a los intercambios científicos y las comunicaciones que fluían entre las comunidades médicas de Europa. Uno de los primeros lugares donde se realizó una intervención quirúrgica con éter fue en el hospital San Carlos de Madrid, en 1847, apenas unos meses después de la demostración de W. Morton en Estados Unidos.
3a) El uso de la anestesia en Galicia
Por su parte Galicia, siempre conectada al mar y al mundo a través de sus puertos, fue una de las regiones que más rápidamente adoptó las innovaciones médicas europeas. La Facultad de Medicina de Santiago de Compostela fue un punto de referencia en la introducción de avances científicos y allí no tardaron en realizar las primeras pruebas con anestesia. Se tiene constancia de que se utilizó éter para anestesiar a un paciente que debía someterse a una operación dental en el Hospital Real de Santiago en 1848. Lo interesante es que Santiago de Compostela fue un lugar donde la odontología y la medicina quirúrgica estaban estrechamente vinculadas. Los primeros dentistas en Galicia empezaron a aplicar anestesia en extracciones dentales poco tiempo después de su introducción en Estados Unidos.

3b) La competencia del cloroformo y la controversia española
Sin embargo, la anestesia con éter no fue la única opción que llegó a España. Apenas un año después de la demostración de Morton, el cloroformo fue descubierto por el Dr. James Young Simpson en Edimburgo en 1847. En España, los médicos comenzaron a debatir cuál de los dos agentes era más seguro y eficaz; Galicia también fue parte de este debate. Se sabe que, en hospitales de A Coruña y Santiago de Compostela, los médicos empezaron a experimentar con cloroformo a partir de la década de 1850, ya que este provocaba menos irritación en los pacientes que el éter. Aunque el cloroformo ganó popularidad, el éter siguió siendo utilizado, especialmente en operaciones más largas y complejas, donde la profundidad de la anestesia era crucial.

3c) Pagés y el desarrollo de la epidural en España
Una de las figuras médicas más destacadas en la evolución de la anestesia en España fue el Dr. Fidel Pagés Miravé, un cirujano militar que tuvo un impacto significativo por haber desarrollado la anestesia epidural. Pagés realizó su descubrimiento en 1921, mientras servía como médico militar en Melilla. Si bien su trabajo fue bastante posterior al descubrimiento del éter, la epidural representó un importante paso en la anestesia, pues ofrecía una alternativa para procedimientos que no requerían anestesia general. La importancia de la anestesia epidural radica en su capacidad para bloquear el dolor en una región específica del cuerpo sin la necesidad de inducir un estado de inconsciencia total. Este avance fue crucial para procedimientos obstétricos y operaciones en las extremidades inferiores. Aunque Pagés murió en 1923 en un accidente automovilístico y su contribución no fue reconocida internacionalmente hasta mucho tiempo después, su descubrimiento sigue siendo utilizado hoy en día en todo el mundo.

Foto de Fidel Pagés en la Exposición de Huesa
3d) El legado del éter en España y Galicia
Hoy en día, la historia del éter y la anestesia en España se reconoce como uno de los hitos médicos más importantes del siglo XIX. Galicia, con su tradición médica en Santiago de Compostela y su conexión a través de puertos con América y Europa, desempeñó un papel crucial en la rápida adopción de estos avances. Mientras Morton luchaba por obtener el reconocimiento que merecía en Estados Unidos, en Europa, y en particular en España, la anestesia se expandía y salvaba vidas, haciendo eco de su legado. La introducción de la anestesia en Galicia, vinculada a los avances en odontología y cirugía oral, conecta de manera simbólica con la hazaña de Morton en Boston. Aunque separados por el océano Atlántico, estos episodios están unidos por un objetivo común: aliviar el sufrimiento humano, uniendo a las dos regiones en una lucha histórica contra el dolor.


